| Los medios no son partidos, ni al revés |
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| Escrito por Josep M. Sanmartí. Profesor Univ. Carlos III Madrid | |||||
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Existe la impresión generalizada de que se ha producido una colusión entre los medios de comunicación y los partidos políticos, y ciertamente hay razones para pensarlo. Lo que buscan los medios (información y audiencias) muchas veces no es lo que ofrecen las fuerzas políticas, interesadas en sus propios e igualmente legítimos asuntos (comunicación y persuasión). Así, todos los periodistas hemos pasado por experiencias en las que algún portavoz de un partido se ha desgañitado para explicarnos algo y los medios lo interpretan de otro modo o bajo otro ángulo, o simplemente no lo valoran como información destacable. Conviene tener presente que a pesar de ser ámbitos complementarios, cada uno atiende a lo que le importa, sin tener en cuenta o poco las conveniencias reales del otro lado. Hay un lenguaje político y un lenguaje periodístico, que no tienen que coincidir por fuerza, y no pasa nada si no lo hacen, salvo la explicable rabieta del director de campaña afectado. En este desencuentro normal no es de extrañar que los partidos recurran cada vez más a sus propios canales, aprovechando las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías, desde móviles hasta webs, blogs o televisiones propias, y controlen de forma directa su comunicación. En cualquier caso, hay unanimidad en que la prensa escrita y los medios audiovisuales son todavía el gran nexo entre partidos y votantes. Por esta razón, los medios deben trabajar más en su autonomía profesional y depender menos de las maniobras electorales de los partidos. Por ejemplo, realizando una información menos declarativa. Me pregunto por qué todos los medios asisten a todos los mítines de todos los líderes para recoger discursos repetitivos que con frecuencia no hacen más que cansar y aburrir a las audiencias. ¿No podrían ser más selectivos? Sería de agradecer que los medios, especialmente los grandes, se despegaran de las estrategias de partido y buscaran fuentes alternativas, expertos en distintas materias, analistas propios, datos en la hemeroteca, temas diferentes y formatos más imaginativos que el soporífero carrusel de los informativos o en el otro extremo las cámaras gamberras de los programas de humor, más vistas que el tebeo. Sorprende por ejemplo que periodistas que siguen día a día la campaña y se convierten en verdaderos entendidos, no sean aprovechados para más cosas que no sea el resumen del último míting, o de la última rueda de prensa, o de la última presentación. Y lo más curioso es que muchos de ellos tienen excelentes ideas y proyectos novedosos, que luego no aparecen por ninguna parte. Quizá sea por la consabida pereza de los medios o quizá porque éstos temen que salga más caro que apuntar a un esforzado redactor a una de las caravanas para que asegure el "relleno" diario. O peor aún, para cumplir el nefasto principio del "por si acaso...". En vez de desempolvar los manuales de las campañas anteriores, los medios tendrían que repensar estas fórmulas caducas y buscar otras que, sin distorsionar los procesos electorales, ofrezcan una visión más inteligible y próxima, es decir más periodística, de las elecciones y de la vida democrática en conjunto. O sea, menos centradas en ellos mismos.
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