La importancia de los partidos políticos en una democracia representativa está fuera de dudas pese a las críticas apresuradas o poco reflexivas y a los errores que éstos cometan en el día a día. Su importancia en nuestra Constitución se refleja en que tienen una regulación específica distinta al derecho de asociación (art. 22) en el artículo 6 que, además, para darles más fuerza, está en el Título Preliminar que se ocupa de recoger los elementos estructurales del Estado.
La ex ministra María Antonia Trujillo ha declarado que la vivienda oficial que ella habitó estaba en excelente estado de revista cuando la cedió al actual ministro de Justicia, que se ha gastado nada menos que 250.000 euros en acondicionarlo a su gusto a dos meses vista de unas elecciones donde está en juego su permanencia en el Gobierno. “Se encontraba en perfecto estado –dijo Trujillo-. Claro, que si uno quiere hacer una reforma no va a decir que la casa estaba muy bien”. Y a continuación añadió en tono irónico: “A lo mejor es que el ministro tiene más dignidad que yo y a mi se me ha ido con el cargo, o que la dignidad se mida por metros cuadrados”. Pues bien, el ministro de Justicia ha demostrado que pertenecer a la izquierda radical y presumir de “progre” no garantiza el buen uso de los fondos públicos.
La economía parece haberse impuesto sobre la política en el último tramo de la campaña electoral. A los ciudadanos les preocupa su bienestar y muchos sienten ya o presienten que las cosas van mal y que no se puede permanecer de brazos cruzados. El Gobierno se escuda en la “desaceleración” mundial cuando hasta ahora nos decía que España estaba en mejores condiciones que nadie para afrontar cualquier situación de crisis pues crecía y crecía cuando otros las estaban pasando canutas. Hubo advertencias de Rajoy a Zapatero y Solbes para que dejáramos de mirarnos al ombligo. No le hicieron ningún caso. Se comportaron como las vírgenes necias de la Biblia.
Desde la dimisión de Josu Jon Imaz como presidente del PNV, que hacía gala de una cierta moderación, los nacionalistas vascos parecen haber perdido el rumbo una vez más.
Un amigo me comentaba este último fin de semana: “Jordi, con este nivel –refiriéndose a los políticos- creo que al final, en lugar de elecciones generales, con unas primarias va a ser suficiente!”. Y es verdad, percibo que la gente está ya resignada a vivir una nueva campaña electoral como espectadores de un partido de ping-pong porque, probablemente, los responsables y muchos candidatos políticos, con la connivencia de los medios de comunicación, hemos acostumbrado a los ciudadanos a este tipo de partidos.