Ya hemos consumido más de la mitad de la campaña electoral y se han celebrado los debates electorales largamente esperados. ¡Felicidades por su recuperación después de quince años! Creo que la democracia ha ganado mucho. Es cierto que existen otras fuerzas políticas, y también existen otros debates, pero el debate entre el PSOE y el PP era la confrontación entre el candidato del quién gobierna y el candidato de la primera fuerza política de la oposición.
Zapatero ha “estado” en Navarra. Lo ha hecho por medio de una entrevista publicada este domingo en Diario de Noticias. Alguna de sus afirmaciones no tiene desperdicio. A su juicio, los ciudadanos el 9 de marzo se enfrentarán a la disyuntiva de elegir “entre nuestro proyecto de convivencia, tolerancia y progreso económico y social o la vuelta al pasado, a la confrontación y a la peor de las crispaciones que es lo que representa el señor Rajoy”.
Hace mucho tiempo que la inmensa mayoría de los “operadores del Derecho” dejaron de tener confianza en el Tribunal Constitucional a la hora de resolver los recursos de amparo al que todociudadano, después de agotadas las instancias judiciales, tiene derecho a plantear ante el alto Tribunal si considera que ha sido víctima de una violación de sus derechos y libertades fundamentales.
Al establecer el recurso de amparo, los constituyentes quisieron “blindar” a los ciudadanos contra los atropellos del poder y los abusos de cualquier órgano del Estado. Fueron unos ingenuos. No contaban con que el propio Tribunal Constitucional se encargaría de destruir la confianza de los ciudadanos en el instrumento creado para defenderlos.
La falta de lluvias en Cataluña, especialmente en este último año, está generando una situación de sequía que comienza a ser preocupante. Las primeras restricciones ya han comenzado y en el horizonte –si unas cuántas borrascas primaverales no lo evitan-, la amenaza de un verano sin agua, con todo lo que esto conlleva, puede resultar una situación especialmente complicada y enojosa para todos nosotros. Y las soluciones propuestas por el Gobierno catalán son, como mínimo, sospechosas, económicamente muy costosas y al final poco tranquilizadoras.
La importancia de los debates televisados en los procesos electorales creo que está fuera de toda duda a estas alturas. Quizás, para algunos, esos debates también tendrían que llegar a "segundos espadas" y, con ello, pasar de planteamientos generales de la acción política a cuestiones sectoriales. Para otros muchos, en esos debates también deberían participar los cabezas de listas de los partidos minoritarios con representación parlamentaria.