Leo en Portal Electoral una noticia que ha pasado prácticamente inadvertida. Al parecer el PSOE ha incluido en su programa para los comicios del 9 de marzo la creación de una nueva circunscripción electoral que agruparía a los electores residentes en el extranjero, el voto emigrante, y en el que se presentarían candidaturas específicas. Esta medida implicaría, según la información publicada, una reforma de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General ya que hasta ahora sólo se contemplan 52 circunscripciones, una por provincia más las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
Tengo para mí que vivimos tiempos difíciles en los que las “bromas políticas” y los “experimentos electorales” no deberían pasar por la cabeza a los que detentamos puestos de representación política. Y, si así sucede, tendrían que ser fuertemente reprendidos. Es una perogrullada, pero el compromiso con la ciudadanía y la responsabilidad nos deberían llevar a ocuparnos más de los grandes problemas del país y dejarnos de extender cortinas de humo para despistar y confundir al electorado. Porque lo importante no son los ciudadanos como electores sino las personas que reclaman de sus representantes soluciones a los problemas que le complican la vida.
Evidentemente desde algunos ámbitos políticos se está buscando soltar la especie de que el sistema electoral prima a los nacionalistas. Esto es sencillamente falso. Entre los politólogos que han estudiado los efectos de la ley D’Hont aplicada a circunscripciones provinciales se llega a la conclusión de que el sistema “favorece a los partidos grandes, castiga a los partidos con apoyo electoral disperso por todo el Estado y es ajustada para los partidos de ámbito autonómico” En torno a este punto la comunidad científica no tiene dudas a diferencia de algunos interesados voceros políticos (vease como ejemplo “El sistema electoral a debate. 20 años de rendimientos del sistema electoral español 1977-97”. AAVV. Madrid 1998).
Entre las muchas iniciativas parlamentarias de esta legislatura quisiera destacar la proposición de ley orgánica que mi grupo presentó sobre la financiación de los partidos políticos que, después de 30 ampliaciones del período de enmienda (9 meses), pudo salir adelante, a pesar del voto contrario del PP.
El sistema electoral es una herramienta en la democracia representativa de una gran importancia. Sirve para poder hacer presente la voluntad popular. Por tanto, es el instrumento que garantiza la legitimación del sistema, y posibilita la formación de gobiernos de mayor o menor estabilidad. Por lo tanto, con el sistema electoral siempre vamos a estar ante un modelo que prioriza la fortaleza de los partidos mayoritarios o la presencia en las cámaras parlamentarias de los grupos minoritarios. Por más vueltas que se le de al asunto estas son las dos grandes cuestiones que aparecen al hablar de procesos electorales, y la "dosis" que se ponga de cada uno de los dos modelos es lo que determina estar más cerca de un sistema o de otro.